De las aulas al escalofrío: Jaén se entrega al contraste mágico de su Martes Santo
La Semana Santa de Jaén ha vuelto a demostrar que es un tesoro inagotable de contrastes. Desde el bullicio cargado de futuro en el barrio de La Alcantarilla hasta el silencio sepulcral que encogió el alma en el centro, la jornada del Martes Santo de 2026 quedará grabada como una de las más auténticas y personales de los últimos años.
El «semillero» de la fe en el Divino Maestro
La tarde comenzó con una estampa que ya es historia viva de nuestra ciudad. El patio del colegio Divino Maestro se transformó en un recreo de emociones donde los alumnos cambiaron las mochilas por la túnica de estatutos. La hermandad del divino maestro ha logrado triplicar el interés cofrade en La Alcantarilla, consolidándose como el relevo generacional que Jaén necesitaba, a pesar de las voces que aún piden una mayor presencia de sus imágenes durante el resto del año.
La Clemencia: El orgullo de ser «de Jaén, Jaén»
Si hay una cofradía que respira la esencia de la leyenda y el carácter de nuestra tierra, esa es la Clemencia. Con el sabor añejo de la Magdalena, el Cristo de la Caída cautivó a los fieles en su paso por los Jardinillos, recordando por qué es una de las tallas más insignes de Salvador de Cuéllar (1593).
El Silencio: Un escalofrío que detuvo el tiempo
Cuando la noche cayó sobre la ciudad, Jaén se sumergió en un éxtasis sensorial. Ver al crucificado de Cristo Rey bajo la arboleda de Arquitecto Berges es una experiencia que trasciende lo religioso. El crujir de las maderas y el tintineo de las cadenas fueron el único sonido en una ciudad que enmudeció por completo. La aparición de la Virgen, envuelta en penumbra y plata, pareció una estampa rescatada de otro siglo, confirmando que el Silencio de Jaén es algo único en toda Andalucía.
Luces y sombras en la Carrera Oficial
No todo fue perfección estética. Mientras el misterio del Lavatorio ofrecía una catequesis visual impecable, algunos sectores de la crítica cofrade señalaron que el exorno y la vestimenta de la Virgen del Amor no terminaron de brillar al nivel que una capital como Jaén merece. Sin embargo, la fe del pueblo suplió cualquier detalle ornamental, llenando las calles de un fervor indiscutible.
