Doble rasero con la profesora detenida en Jaén

El reciente arresto en Jaén de una profesora de 35 años por mantener una presunta relación sexual con un alumno de 15 años (que comenzó cuando este tenía 14) ha reabierto un debate incómodo: la asimetría con la que los medios y la opinión pública juzgan los delitos de índole sexual en función del sexo del agresor y de la víctima. En JaénPlus Radio tenemos claro que la gravedad no entiende de géneros, pero es notorio que la narrativa social demuestra una evidente tibieza cuando la investigada es una mujer.

La cautela terminológica de los medios: ¿Dónde quedó la contundencia?

A diferencia de los casos donde el investigado es un hombre, la cobertura de los medios ha destacado por una llamativa rigidez formal. Los titulares se han blindado tras el lenguaje estrictamente administrativo: «relación sentimental» o «profesora investigada por agresión».

Esta contención contrasta con el tratamiento de sucesos inversos, donde términos como «pederasta» o «depredador» saltan a la luz pública de forma inmediata. La renuencia a etiquetar con la misma contundencia la conducta de una adulta de 35 años frente a un niño evidencia un sesgo editorial que suaviza la percepción del delito. Ningún adulto debe mantener relación sexual y/ o sentimental con un menor independientemente del género de ambos e independientemente del consentimiento o no en la misma.

Alarmante normalización del abuso hacia el varón menor

El reflejo más crudo de esta hipocresía se encuentra en el espacio público digital, plagado de reacciones que oscilan entre el chiste zafio y la justificación directa.

Es especialmente reseñable la aparición de discursos, en muchos casos firmados por mujeres, que apelan al «consentimiento» del menor para restar gravedad al asunto o tildarlo de simple «picaresca». Este tipo de comentarios minimiza el abuso de poder y la manipulación inherente a la diferencia de edad y a la posición de autoridad de la docente, una condescendencia que jamás se toleraría si la víctima fuera una niña.

¿Qué habría pasado si el detenido fuese un profesor varón y la víctima una alumna de 15 años?

La respuesta mediática: Habría generado una condena unánime y la catalogación inmediata del docente como un presunto pederasta.

La reacción social: Cualquier intento de sugerir que una niña de 15 años «consintió» habría provocado un linchamiento digital inmediato.

El Código Penal español establece que un menor de 16 años no tiene la madurez legal para consentir relaciones con un adulto en una situación de autoridad. La ley no distingue géneros, pero este caso demuestra que la sociedad aún arrastra el prejuicio de que el varón menor siempre «desea», perpetuando un doble rasero que desprotege a las víctimas. Banalizando según el género del menor y el presunto pederasta, cuando la realidad objetiva es que no debe permitirse de ninguna de las maneras.

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