20 años de barro, grada y valores: el legado incombustible de Orgullo Lagarto

Echar la vista atrás dos décadas en el fútbol modesto es un ejercicio de nostalgia, pero sobre todo de resistencia. Hace veinte años, el Nuevo Estadio de La Victoria contemplaba un panorama desolador en lo que a animación se refiere; el Real Jaén arrastraba su escudo por los campos de la geografía española sin un motor unificado que empujara desde la grada. Fue en ese contexto de vacío donde un grupo de jóvenes decidimos dar un paso al frente. Nacía Orgullo Lagarto. Lo que entonces parecía una aventura de juventud se ha convertido hoy en la hinchada más longeva y determinante de la historia del club.

Sobrevivir veinte años al Real Jaén no es una tarea apta para cualquiera. Hemos vivido fases de ascenso gloriosas y la euforia del fútbol profesional, pero nuestro verdadero orgullo se forjó en el barro. Soportar descensos dolorosos, la asfixia de la inestabilidad económica y el constante desfile de crisis institucionales que casi nos cuestan la existencia requiere una fe inquebrantable. Mientras los palcos cambiaban de manos y los proyectos se desmoronaban, la grada permanecía.

Fuimos pioneros por necesidad y por ambición.

 Cuando viajar al norte de África parecía una utopía para una afición de bronce, fuimos los primeros en organizar desplazamientos complejos a Ceuta o Melilla. Fuimos los primeros en entender el fútbol como un espectáculo visual y pasional, cubriendo prácticamente todo el Fondo Sur con cubregradas imponentes en las citas grandes, o liderando aquel histórico mosaico que tiñó de blanco todo el estadio frente al Palencia.

Incluso fuimos pioneros tecnológicos. En 2008, cuando el concepto de streaming sonaba a ciencia ficción y los jiennenses exiliados dependían de refrescar compulsivamente páginas de resultados, fundamos Radio Lagarto, la primera emisora online 100% dedicada al club. Un proyecto tan exitoso que una directiva posterior decidió absorberlo (y, como tantas cosas en aquella época, nunca pagar) para transformarlo en la radio oficial del club, la semilla de lo que hoy es la televisión oficial de la entidad, Real Jaén RTV.

Es innegable que se han escrito ríos de tinta sobre nosotros. A veces para alabar el color de los tifos o los autobuses fletados; otras, para señalar que la lógica vehemencia de la juventud no siempre encajaba con el resto del estadio. Sin embargo, el tiempo termina por poner cada cosa en su lugar.

Orgullo Lagarto nunca ha ido de individualidades; ha ido de valores. Quien no entendió que la amistad, el compromiso y la lealtad estaban por encima de cualquier sigla, ego o interés personal, terminó fuera del grupo.

Hoy, los que fundamos aquello peinamos canas (o directamente ya nos falta el pelo) y poco a poco compartimos las tareas al lado de los jóvenes que siguen engordando las filas del cuadrante más ruidoso del Fondo Sur de la Victoria. La perspectiva que da la madurez, junto al entusiasmo del juvenil llena de futuro el colectivo que me sigue uniendo al Real Jaén. Los chavales que año tras año se suman al grupo no solo mantienen intacto ese amor incondicional por el Real Jaén, sino que han mejorado con creces el legado recibido.

Aquella grada no fue solo un lugar para desgañitarse los domingos; fue una escuela de vida. 

Esos jóvenes que hoy sostienen el megáfono y la bandera serán (al igual que nosotros) los excelentes abogados, funcionarios, empresarios, sanitarios o programadores del mañana. Se llevarán de esa grada lo mismo que aprendimos nosotros hace veinte años: un código de conducta no escrito que te enseña a no rendirte, a trabajar en equipo y a mantener la palabra dada. Valores que nos hicieron mejores profesionales y, sobre todo, mejores personas, sin renunciar a ondear bufandas, aparecer un lunes sin voz en tu puesto de trabajo o coleccionar rozaduras en la palma de la mano por golpear un bombo 90 minutos.

Por otros veinte años de orgullo, fidelidad y valores. El futuro de La Victoria está en buenas manos. ¡Hala Jaén! ¡Forza Orgullo Lagarto! 

Antonio L. Gómez – Tonino

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