MÁS MALA CARA QUE LOS POLLOS DE SIMAGO
La transparencia selectiva y la estrategia de Moncloa
A la factoría de cortinas de humo de la Moncloa y a la opinión sincronizada les ha salido el tiro por la culata con la desclasificación parcial de los documentos del 23‑F. Con la falsa coartada de «saldar una deuda con la democracia» y hacer un «ejercicio de transparencia», algo inusual en este gobierno, el sanchismo ha desclasificado los documentos que a ellos les ha parecido bien de los papeles del fallido golpe de Estado, aunque sigue sin desclasificar lo que ocurrió en los trenes el 11 M cuyas pruebas rápidamente destruyeron o los viajes del Falcón a la Republicana Dominicana, que entre otros.
A este gobierno la transparencia les importa una higa, su propósito era seguir agitando el fantasma de la extrema derecha y la derecha extrema como le escriben en los twist, para presentar a la derecha como una amenaza vigente y herederos de aquel hecho infame. No tienen otro discurso y mucho menos gestión que «paremos el fascismo» y agitar a las hordas comunistas. El PP no puede gobernar, son herederos del fascismo. Ese es el único mensaje de un gobierno podrido por la corrupción, económica y moral.
El desgaste de la izquierda y la crisis de Sumar
La jugada no le ha servido a Sánchez ni para animar a su parroquia, que bien saben que es un gobierno fallido. Y mientras los 860 asesores de la Moncloa querían hablar del 23‑F, la comunista Yolanda Díaz anunciaba su decisión de no volver a encabezar la lista de Sumar, una pena, porque es imposible encontrar a una política que diga más gilipolleces al día, y ahora la ultraizquierda anda buscando a algún comunista que lidere el batiburrillo de la ultraizquierda y le busque un hueco a la Yoli para que pueda seguir sin darle un palo al agua y pueda seguir comprándose vestiditos en la calle Serrano, porque si no la vemos ya mismo de nuevo en vaqueros y con la camiseta del Che Guevara.

El efecto inesperado en la monarquía y la salud del presidente
Sin pretenderlo, Sánchez ha contribuido a restañar, al menos en parte, la imagen del Rey Emérito, muy dañada por sus escándalos fiscales y cobro de comisiones, pero sobre todo ha regalado a la oposición un argumento inesperado: el 23‑F como certificado de legitimidad de la monarquía, una institución que sus socios preferirían borrar del relato democrático.
Y mientras Libertad Digital publica que el sátrapa Sánchez padece un trastorno cardiovascular, algo que es cierto, pero que no es algo nuevo, viene de años atrás, de ahí que tenga más mala cara que los pollos de Simago, por mucho que nos mienta. Y si no tiene nada, y dado que el estado de salud del presidente del gobierno es una cuestión pública, que muestre el certificado médico desmintiéndolo. ¿A que no eres capaz Pedrito? Pero no pasa nada porque si dentro de un tiempo se demuestra, qué se demostrará, que si lo padece, siempre tendrá la opción de decirnos que ha cambiado de opinión.
FIRMADO MIGUEL SEGOVIA MARTINEZ
