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El feminismo oficial llega veinte años tarde

RTVE acaba de descubrir el fuego. O eso pretenden vendernos con el desembarco de Henar Álvarez en la primera línea del prime time y el late night. Nos presentan como una victoria histórica del «progreso» lo que, en realidad, es la prueba fehaciente de que el sector público es un museo de buenas intenciones que solo se mueve cuando lo privado ya ha asfaltado la carretera, puesto los peajes y recogido los beneficios.

El mito del «Gobierno más feminista de la historia»

Resulta casi tierno ver cómo se cuelgan medallas de igualdad quienes han tenido las llaves de la televisión de todos durante la última década. Nos dicen que este es el momento de las mujeres, pero la aritmética de la izquierda española no cuadra:

  • La era Zapatero: En 2005, mientras el gobierno presumía de vanguardia social, fue Cuatro (una cadena privada y recién nacida) la que tuvo las agallas de poner a Eva Hache a repartir estopa a medianoche. TVE, bajo el mando socialista de entonces, prefirió seguir con la inercia del busto parlante masculino.
  • La era Sánchez: Han hecho falta ocho años de retórica inflamada sobre el techo de cristal para que alguien en Prado del Rey se diera cuenta de que una mujer podía conducir un programa de humor ácido. Mientras el Gobierno se llenaba la boca con cuotas y ministerios, la televisión pública seguía siendo un búnker de testosterona en sus franjas de máxima audiencia.

Lo privado: Donde el talento no espera al decreto

La hipocresía es máxima: lo público se vende como el motor del cambio, pero funciona como un lastre. Es el sector privado el que, libre de los complejos y las deudas políticas de la administración, entiende que la visibilidad no es una concesión graciosa, sino una cuestión de pura inteligencia y mercado.

No es un caso aislado. Si miramos otros ámbitos de «derechos y privilegios», la empresa privada siempre le saca varios cuerpos de ventaja al Estado:

  1. La inclusión real: Mucho antes de que el lenguaje inclusivo fuera una obsesión ministerial, las plataformas de streaming y las productoras privadas ya habían normalizado la diversidad sexual y racial en sus elencos, no por obligación legal, sino porque la sociedad ya iba por ahí.
  2. La flexibilidad laboral: Mientras la administración pública sigue anclada en el «vuelva usted mañana» y el presencialismo más rancio, fue el sector privado el que lideró la revolución del teletrabajo y la conciliación real, demostrando que se puede ser eficiente sin necesidad de un boletín oficial que lo autorice.

Conclusión: El mercado es más libre que el BOE

Que Henar Álvarez esté ahí es un éxito de Henar (he de reconocérselo, a pesar de que su formato no termina de ser de mi agrado) y de la audiencia que la hizo grande en los márgenes de lo privado (podcasts, redes, eventos). RTVE (de la mano del PSOE de Sánchez) solo ha llegado para hacerse la foto en la meta de una carrera que no corrió. Como suele pasar tantas y tantas veces con las acciones de la Batalla Cultural de cada uno de los partidos hace para afianzar sus votos. Así que: Henar, enhorabuena… te lo has currado tú, no quienes se han apuntado después de años picando piedra.

Es irónico que la izquierda, tan amiga de tutelar la moral pública, sea incapaz de aplicar en su propia casa lo que exige por ley a las empresas. Lo privado no necesita cuotas para saber que Eva Hache o Henar Álvarez son rentables; lo público necesita veinte años y una campaña de marketing para disimular que, en el fondo, siempre llegan los últimos a la fiesta de la libertad.

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